09 julio 2007

BORIS SPASSKY EX CAMPEÓN DEL MUNDO DE AJEDREZ

«Nunca me consideré ciudadano soviético, sino 'rey del ajedrez'»

El jugador ruso repasa su legendario enfrentamiento con Fisher, las aventuras con su mujer y la KGB, y analiza a los actuales líderes del ajedrez mundial

Borís Vasílievich Spassky nació el 30 de enero de 1937 en Leningrado. Durante la II Guerra Mundial tuvo que refugiarse con su familia en la región de Kírov y fue allí donde aprendió a jugar al ajedrez. Tras finalizar la contienda, regresó a su ciudad natal y continuó su aprendizaje bajo la tutela de los teóricos soviéticos Vladímir Zak y Alexandr Tolush. Maestro internacional desde 1953, en 1955 ganó el Campeonato del Mundo juvenil en Amberes (Bélgica), quedó tercero en el Campeonato Nacional de la Unión Soviética y alcanzó el grado de gran maestro internacional. Comenzó entonces a jugar una serie de partidas de clasificación con la intención de convertirse en aspirante al Campeonato del Mundo de ajedrez. En 1959 fue segundo en el Campeonato Nacional de la Unión Soviética y ganó el prestigioso Torneo Internacional del Club Central de Ajedrez de Moscú. Dos años después comenzó a prepararse con el gran maestro internacional Ígor Bondarevsk. Durante la década de 1960 ganó una serie de torneos que, finalmente, le convirtieron en aspirante oficial para enfrentarse al entonces campeón del mundo, el también soviético Tigran Petrosian. Spassky perdió dicho Campeonato del Mundo, celebrado en 1966, por la mínima (3 victorias, 17 tablas y 4 derrotas). Prosiguió jugando con su característico estilo agresivo y ganó varios torneos de categoría que le condujeron, de nuevo, a aspirar al cetro del ajedrez mundial en 1969. Esta vez logró imponerse a Petrosian (con un resultado final de 12,5-10,5) y se proclamó campeón del mundo.

Spassky conservó el título mundial hasta 1972, año en que se enfrentó al aspirante estadounidense Bobby Fischer. Las partidas se celebraron en Reykiavik (Islandia), suscitaron una gran expectación y gozaron de un amplio seguimiento por parte de los medios de comunicación. Debido a que la lucha por el Campeonato tuvo lugar durante un momento de tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en plena Guerra fría, ambos ajedrecistas tuvieron que jugar bajo una gran presión. La victoria final de Fischer puso fin a la tradicional hegemonía soviética en el mundo del ajedrez. Spassky, que cayó en desgracia en su país, reafirmó sin embargo su dominio nacional (ganó de nuevo el Campeonato Nacional de la Unión Soviética en 1973) y tuvo destacadas participaciones en prestigiosos torneos internacionales durante la década de 1970. En 1992 Spassky y Fischer se enfrentaron de nuevo en una serie de partidas que tuvieron como escenarios el complejo turístico de la isla montenegrina de Sveti Stefan y Belgrado. La revancha se saldó con un nuevo triunfo de Fischer (10-5).

-¿Controlar los nervios es la clave en un juego como el ajedrez?

-Más que la partida en si mismo, lo fundamental es controlar el factor sicológico cuando juegas al ajedrez desde le punto de vista técnico. Es fundamental mantener el control sicológico y tu carácter agresivo, tu espíritu combativo y no realizar ninguna desviación sobre eso. En caso contrario, sería un harakiri, en sentido metafórico.

-Aunque ya habrá hablado infinitamente del tema, es inevitable preguntarle por su partida con Bobby Fisher en el ya lejano año de 1972

-En esa partida, además del espíritu combativo, también había que tener un espíritu de confianza. En aquella partida, yo solamente tenía dos personas para asistirme, no como en el ajedrez actual, con las partidas de Kasparov y Karpov que tuvieron hasta 40 personas, un gran ejército para apoyarles. Mis asistentes intentaron convencerme de que tanto Fisher como su entorno eran mi enemigo y yo no podía aceptar eso. Tanto él como yo, teníamos nuestros propios 'molinos de viento' como Don Quijote. Los míos eran el Comité de Deportes de la Unión Soviética porque yo ya estaba peleándome con este Comité desde hacía un año antes de esta mítica partida. Tuve una especial mala relación con el coronel Maturinski, aunque luego se suavizó porque entendí que él era un simple funcionario del sistema. Yo entraba en conflicto con el sistema político y era una situación a la que tenía Bobby (Fisher) en ese momento.

-¿Está de acuerdo con los que piensan que en esa partida no se vio al verdadero Spassky?

-En la cuarta partida, jugaba con negras en una variante de la siciliana. Normalmente hubiera ganado el cien por cien de las partidas, pero mi rival defendió muy bien. No fui capaz de desarrollar mis habilidades de ataque porque Fisher defendió muy bien y tras esa partida estaba acabado y me sentía como si estuviera bajo tierra. En las siguientes partidas estaba fatal sicológicamente, aunque en la partida 13 noté que Fisher estaba cansado. Fue como un maratón y noté que no tenía energía para acabar. Llegué hasta el final, pero me di cuenta que nunca jugué tan mal. En la última partida, la 19, pensé que podía ganar, pero Fisher me convenció de que estaba equivocado. Cuando, al final, los dos analizamos la partida aplazada, él creía que yo podía ganar, pero yo le dije que abandonaría.

-¿Hicieron una buena amistad?

-Yo siempre he tenido buena relación con Fisher. Le conocía desde 1958, cuando fue con su hermana y su famoso jersey y compartimos una buena comida rusa de cerdo, aunque a él le aburría mucho esa comida. Los intérpretes de aquella época consideraban que cuando Fisher se quejaba de las costillas de cerdo era un ataque al sistema soviético. Volvimos a vernos en 1960 y yo escribí algunos artículos sobre su forma de plantear el ataque. El editor norteamericano de la revista me censuró algunos artículos.

-La personalidad de Fisher no coincide con la suya.

-Una de las tragedias del ajedrez es la personalidad de Fisher, como cuando llegó al Mar de Plata sin ni siquiera pasaporte, lo mismo que le sucedió años más tarde cuando fue detenido en Japón. Le tuvieron que explicar desde la embajada americana que es importante llevar pasaporte cuando viajas fuera y con el paso de los años hemos visto las consecuencias que tuvo para él ese punto de vista. A partir de ese momento, tenía mucha simpatía por Fisher. Mi simpatía era al margen del tablero. Cuando jugamos el campeonato, estuvimos luchando hasta el final, hasta la última gota de sangre.

-¿Era consciente de la gran expectación que había en los dos países?

-Desde que gané el campeonato del mundo, pasé los peores años de mi vida, pero una vez que perdí el título mundial ante Fisher en 1972 tuve un sentimiento como de alivio porque a partir de ese momento, el que tenía que llevar la carga era Fisher y no yo.

-¿Le recibieron en la URSS como un traidor tras perder con Fisher?

-Mientras fui campeón del mundo nunca me consideré ciudadano soviético, sino más bien 'rey de ajedrez' y esto es una contracción con el sistema de vida soviético. No me preocupaba demasiado que me calificarán como un traidor, aunque no es por orgullo, pero la verdad es que ocurrió así. Por otra parte, cuando regresé había ganado muchísimo dinero y había muchos celos por este motivo, aunque en cuatro años me lo había gastado todo.

-¿Tuvo presiones de su país tras el resultado?

-Mi mujer, Marina, me sacó de todo ese mundo, me raptó y me llevó a Francia. Mucha gente estaba contenta de que yo me hubiera ido de la Unión Soviética, pero no así la policía secreta y otras autoridades políticas. Cuando fui detenido y en el período de 1974 a 1976 tuve muchas aventuras con mi mujer. Tanto la KGB como la policía secreta francesa nos estuvieron siguiendo, pero nunca nos hicieron nada. Solamente sufrí un robo en el cuartel general de la policía soviética. La KGB hasta inspeccionó las sillas en las que jugamos Fisher y yo. Nos pasaron tantas cosas, que puedo decir que gracias a la KGB tuvimos un matrimonio muy feliz. Ahora, tengo mucha amistad con la policía secreta. Por otra parte, con el paso de los años he notado que tuve más presiones de las autoridades y de la policía soviética cuando me enfrenté a Karpov que cuando jugué con Fisher. Al fin y al cabo, Karpov formaba parte del sistema y yo no.

-¿Cómo vivió la contradicción permanente de estar en contra del régimen y ser una celebridad por jugar al ajedrez?

-Stalin era un alumno de Lenin, que cometió mayores atrocidades. Rusia era un país con mucha cultura, un gran estado. Yo vivía de forma bastante cómoda, sobre todo gracias a las personas que me ayudaban, pero por dentro no estaba contento de vivir allí. Yo no podía ser un comunista porque vivía bien gracias a la cultura que había en Rusia, pero no estaba de acuerdo con el sistema político. Cuando regresé tras años, tampoco estaba contento con lo que he visto porque la mayoría de la población había sido robada por tres veces por la perestroika. Ahora, a lo mejor me gustaría ser un comunista armado (entre risas).

-¿Cómo aceptó la segunda partida con Fisher veinte años después?

-Yo estaba en las montañas de Suiza con Marina y nos habíamos comprado un fax. Fisher me mandó una invitación para jugar la segunda partida en Serbia veinte años después de la primera en 1972, y le contesté que sí que aceptaba. Es lo que tienen los fax, que puedes comunicarte y es algo que debió aprender él, que ha estado casi desaparecido del mundo.

-¿Puede considerarse una contradicción que los regímenes totalitarios apoyen el ajedrez?

-Puede que sí, debido a que con el ajedrez tienes que pensar mucho y esto es algo que a ese tipo de políticos no les interesa. La Unión Soviética era un enigma para mí sobre esa contradicción, al igual que otros como China e Irán.

-¿Le benefició el cambio de entrenador al pasar de Zak a Tolush?

-Tolush era un entrenador que le gustaba la iniciativa en el tablero, pero era muy mal analista. Prácticamente, en este sentido, yo no tenía nada que hacer. Pero reconozco que el estilo de Tolush estaba bien para llevarlo a cabo durante las partidas y tener la iniciativa en el juego.

-¿Petrosian era tan imbatible como parecía?

-La primera vez que jugué con él en 1966, que perdí, inmediatamente se volvió muy amigo mío. Petrosian era el número uno, también a nivel político, pero a mí no me preocupaban estas cosas. Mi relación personal con Fisher era mucho mejor que la que tenía con Petrosian, a pesar de ser ruso como yo. Pese a que los enfrentamientos con ambos fueron difíciles, con el paso del tiempo guardo muy buenos recuerdos de ambos. Solo guardo rencor a algún sicólogo, pero nunca a un Gran Maestro del ajedrez.

-¿Su triunfo sobre Korchnoi fue sonado porque fue contra pronóstico?

-Lo mejor que tenía Viktor (Korchnoi) era su aspecto sicológico. Desde que veía a su adversario en el desayuno le comentaba que si estaba dispuesto a perder con él. Es lo que le hizo a Petrosian y le destrozó sicológicamente. Eso al principio parecía solo poco serio, pero luego con el paso de los días es algo que te puede ir desgastando, sobre todo si ves que en realidad puede ser así. A Korchnoi le recomendaba su sicólogo que se dijera a sí mismo que era el mejor del mundo. Muy buen consejo para Viktor. Con Petrosian le funcionó, pero conmigo no.

-¿Qué cambio Igor Bondarevsky en su juego para poder derrotar por fin a Petrosian?

-Bondarewsky era mi primera computadora. Cuando se aplazaban mis partidas, él era el que las analizaba y era muy bueno en este aspecto. Me daba mucha confianza para poder desarrollar mi juego. Tolush no tenía talento como profesor, mientras que Bondarewsky tenía un talento infinito. De todas formas, Tolush siempre estaba apostando, jugando a la ruleta rusa, incluso en su vida privada era un jugador.

-¿Qué opinión tiene de Kasparov y Karpov?

-Tienen dos estilos de juego muy distintos. Kasparov tiene un juego muy fuerte en posiciones activas, pero no es tan estable en el resto de las posiciones; pero Karpov, al igual que Fisher puede jugar en cualquier tipo de posición. Yo prefiero a Kasparov por la habilidad que tiene como 'matador', por la capacidad que tiene de destrozar al rival. Por otra parte, Karpov tiene la habilidad de buscar y 'cazar' al rey. Fisher y Karpov son mucho más templados como jugadores y están dispuestos a pelear en cualquier momento.

-¿Y de Kramnik?

-Tengo mucha amistad con Kramnik, desde luego. Me sorprendió que en el enfrentamiento con Kasparov, éste no fuera capaz de ganar ninguna de las 16 partidas que disputaron. Sin embargo, después de vencer a Kasparov, el propio Kramnik no fue capaz de ganar ningún torneo importante. Parece como si se hubiera quedado sin energía. Ahora, estoy contento porque Kramnik parece que va hacia arriba. Puedo estar equivocado, pero parece que ha perdido importancia el hecho de ser campeón del mundo.

-¿Considera que el ajedrez es un arte o un aspecto numérico o matemático?

-El ajedrez es distinto a las matemáticas o la música. Es cierto que en los tres hay gran cantidad de niños prodigio, pero mientras en las matemáticas y la música parece que se hereda el talento, en el ajedrez no sucede tal cosa. El ajedrez es un arte y por lo tanto no pasa de padres a hijos. Cada uno lo desarrolla según su capacidad.

-¿Los niños?

-Yo estoy enseñando a niños en Ural, aunque a los niños en realidad les interesa más los aspectos personales que técnicos. Cuando te conocen te preguntan por cosas de tu vida, de tus partidas, de la vida y apenas sobre los aspectos técnicos del ajedrez, como es lógico por otra parte debido a su edad. Es más un aspecto divertido.

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