02 febrero 2010

Reflexiones sobre el ajedrez femenino


Por FM Marina Alba Rizzo - Escrito con motivo de la presentación de la Comisión de la Mujer en el Ajedrez, dentro del marco de la Federación Argentina de Ajedrez, en el Panamericano de la Juventud año 2002, Córdoba.

Pasó poco tiempo desde que empezamos a juntarnos para pensar y pensarnos como jugadoras de ajedrez, qué sentíamos, qué queríamos expresar, investigar, debatir… Personalmente tenía mis dudas acerca del fundamento del ajedrez femenino. ¿Por qué? me preguntaba, ¿Por qué necesitamos torneos especiales para nosotras si partimos de la base que "intelectualmente" no hay diferencias? Si el cuerpo no se involucra con la misma intensidad que en un deporte físico? ¿No me estoy yo misma discriminando cuando acepto jugar contra mujeres? ¿Tenemos una actitud facilista al aceptar los torneos femeninos ya que nos permiten una mucho más sencilla clasificación a torneos internacionales?

Antes de seguir adelante, me vienen recuerdos y vivencias como ajedrecista y como docente, que quiero incluir aquí:

De chica, recuerdo, y jugando partidas contra los varones, me sentía muchas veces inhibida y con vergüenza cuando alguno rehusaba jugar conmigo por ser mujer. Y también cuando yo ganaba y los amigos de mi ocasional rival se le burlaban por haber perdido conmigo… Siempre sentí que jugando contra un varón se "jugaba" algo mucho más importante que la partida misma. Para él, era como jugar su orgullo de varón, mantenerse indemne a los comentarios irónicos y de burla de sus amigos o hasta de su familia. No se divertían jugando conmigo, jugaban bajo presión. Y, por supuesto, yo también. Esta anécdota se repite en todas mis amigas ajedrecistas y aún hoy día, en torneos escolares, se escuchan comentarios y actitudes similares. Peores aún si los comentarios provienen de un adulto:

En un torneo escolar una alumna mía de cuarto grado acepta la invitación de un chico a jugar una partida amistosa, entre ronda y ronda. La niña le gana y el padre del chico, enojado, pegándole en la cabeza a su hijo le reprocha: "cómo vas a perder con una mujer!". A continuación, el mismo padre, le dice a la niña: "te juego yo!" Por supuesto que ella rehusó y su madre le dijo que nunca más juegue con ese nene (no por el nene sino por el padre, claro está.). Ahora sí, vuelvo al presente:

En esta presentación quisiera dar mi opinión personal acerca de lo que va surgiendo en mí como reflexión y quiero compartirlo con ustedes:

Considero que las competencias femeninas se justifican porque:

  • Sirven como incentivo.
  • Atienden al menor interés de la mujer por el ajedrez (en otras disciplinas, como la danza por ejemplo, los hombres tienen más oportunidades porque hay muy pocos interesados)
  • La mujer no tiene, por razones múltiples pero fundamentalmente socio-culturales, las mismas oportunidades que el varón. Esta falta se acentúa en tramos especiales de su vida:

a) Cuando la niña recién se inicia en la práctica del ajedrez, se encuentra con un ambiente mayoritariamente varonil, que la inhibe, y si no recibe un fuerte sostén, apoyo y acompañamiento de la familia, puede decidirla a abandonar la actividad.

b) En la etapa de la adolescencia, cuando debe decidir entre el ajedrez y la vida social y deportiva. La joven que decide jugar al ajedrez debe tener un carácter especial, dejando a un lado las salidas con sus amigas por ejemplo o formar parte de un deporte de equipo, que suele ser más atractivo. El varón adolescente, en cambio, goza de mayor libertad para jugar y luego, si desea, salir con sus amigos hasta la madrugada.

c) En su carrera como ajedrecista, una vez que ha alcanzado la madurez, sufre un importante corte al momento de decidir su futuro como mujer, esposa y madre en el caso que desee tener hijos. Este punto es menos padecido significativamente por el hombre ajedrecista, ya que éste sigue gozando de mayor libertad y autonomía, aún casado y con hijos.

Si aceptamos esta realidad, de una carrera "cortada" en varios tramos, debemos aceptar y apoyar la competencia femenina y la clasificación femenina a torneos de mayor jerarquía. Y si así lo hacemos, debemos actuar en consecuencia, ser coherentes con respecto a becas, viáticos, pasajes, representaciones, etc.

No podemos permitir que, por un lado, se organicen torneos donde clasifica la mujer a determinada competencia, y luego no se le brindan los pasajes, viáticos, seguridad de participación y, ya es mucho pedir?, entrenamiento o preparación previa. ¿Para qué se la incentiva a jugar al ajedrez si luego se la discrimina no enviándola a los torneos, ó dándole menos viáticos que al hombre, apoyando este proceder en el bajo nivel de juego de la mujer?

Aquí propongo a los presentes, ya sean entrenadores, docentes, profesionales, jugadores o dirigentes, pensar, debatir el tema de qué objetivos se persiguen fomentando la participación femenina en el ajedrez? Buscamos excelencia en resultados o buscamos mayor cantidad de mujeres en este ámbito? Y si buscamos mayor cantidad no la castiguemos cuando no consigue un nivel equiparable al de los hombres. La cantidad traerá, en parte, la calidad. Y la otra parte lo traerá la inversión en preparación, entrenamiento y estudio.

Y, en definitiva, estamos preguntándonos qué espacio le queremos dar a la mujer y nos permitimos darnos como mujeres. En una escuela primaria donde doy clases, ante una pregunta mía de si les gustaba el ajedrez, me sorprendieron varias alumnas de cuarto grado respondiendo "no, porque no me gusta pensar" y a la vez los varones en su gran mayoría: "si, porque me hace pensar". ¿Qué modelos damos como padres y/o docentes a los niños y cuales a las niñas? Mujeres que no piensan así como pueblos que no piensan, están más a disposición del que piensa, del que organiza, del que dirige y de aquel que gobierna. Toman una actitud pasiva. Me resulta alarmante esta tendencia en las niñas y, como docente, me gustaría ayudar a ver diferente. A proyectar y proyectarse en el futuro ayudados por el juego de ajedrez: qué quiero ser y hacer con mi vida? Ser siempre la pieza de madera, esperando que otro me mueva y decida por mí adonde debo ir, qué camino debo tomar? O decido ser el "jugador"- "jugadora", consciente de lo que pasa en el tablero y en mi vida, con una visión global, de águila? Creo que aquí es donde podemos ayudar a ver la realidad y la propia vida de manera diferente.

El ajedrez nos da la gran oportunidad de aprender a vivir con una mirada interior de indagación, análisis, observación, curiosidad y pasión por el desafío de encontrar siempre "la mejor jugada". Aquella que puede traer belleza, creación, goce, diversión, juego y capacidad de búsqueda durante toda la vida.

1 comentario:

Té la mà Maria - Reus dijo...

dando un vistazo a tu blog
saludos desde Reus Catalunya